PINTAR, DESTINTAR Y DESPISTAR
por David G. Torres





La Idea global del Grand Verre es pura y simplemente su ejecución

MARCEL DUCHAMP


     Muchas veces en arte contemporáneo parece que ya lo sabemos todo y que no es necesario que nos preguntemos qué es una obra. Probablemente esquivamos la cuestión por miedo a no encontrar la respuesta. Entonces nos escondemos bajo diferentes excusas bienintencionadas: los conceptos de los que es portadora la obra, su trasfondo social o denunciativo, la bella historia que nos cuenta o lo interesante que es ver y saber como piensan, viven y sienten otras personas. Pero también resulta saludable encontrar de vez en cuando artistas que antes de perder el norte, quieren ofrecer obras, Artistas que se sientan en el centro de su trabajo preguntándose cómo desarrollarlo, cómo salvarlo, cómo hacerlo, qué es y cuáles son los elementos que entran en juego en una obra de arte. Evidentemente posicionamientos de este tipo pueden ser acusados de formalistas, pero ¿estamos seguros de haberlo pensado ya todo y de haber explotado todas las posibilidades de una obra?, ¿estamos seguros de que los diferentes asesinatos a los lenguajes art¡sticos clásicos fueron efectivos?. La dificultad de encontrar soluciones, no implica su imposibilidad. Pedro Carrera nos obliga a dar un paso a atrás y revisar nuestros conceptos y elementos de análisis para dar un nuevo paso adelante; a pensar en obras que en su simplicidad nos desarman porque de manera aparentemente inocente solucionan con facicilidad un cúmulo de tensiones.



S/T. 1997 Lejía sobre terciopelo. 79 x 116 cm.


     Si la medida de una buena obra no está en hacer alarde de complejidad jeroglífica, sino en partir de una suma elementaridad que se abre y desborda, los cuadros de Pedro Carrera son un extremo de sencillez. Son sólo terciopelos desteñidos, con una técnica que ha ido perfeccionando: vaporizar lejía con aerógrafo sobre tela.

     La técnica tiene una importancia primordial en la obra, podríamos decir que los cuadros de Pedro Carrera son antes de nada un divertimento que consiste en la búsqueda de un tipo de solución adecuada para obtener una imagen. Ahora bien, ahí empiezan a aparecer las tensiones que nos demuestran que nada es tan sencillo. Hay evidentemente una conciencia lúdica de la práctica artística, pero que encuentra en la actividad manual y en el desarrollo de unos conocimientos técnicos, los que sean, uno de aquellos elementos imprescindibles del trabajo en arte. Podr¡a parecer que as¡ Pedro Carrera se situa al margen de la tradición duchampiana y la centralidad del concepto en detrimento de la obra. Sin embargo, es justo lo contrario, sigue literalmente algunas estrategias de Duchamp desdeñadas durante mucho tiempo: no sólo la importancia otorgada a la elaboración técnica de algunas obras, sino sobretodo a la idea del azar en conserva. En definitiva, el desteñido de terciopelo con lejía es un método azaroso que intenta mantener la composición de la obra bajo cierto control.

     Ya no es sólo la ejecución, la composición ocupa un primer plano. No podr¡a ser de otro modo, ambas están ligadas. Igual que en el action painting, o mejor, como un action painting perverso: Pedro Carrera no añade pintura, sustrae pigmento. Y sigue subvirtiendo porque, al contrario de un dripping, Ia imagen, que como composición está tan ligada a la ejecución, es válida para sí misma: no precisa excusarse, ser acompañada o explicada.



S/T. 1997 Lejía sobre terciopelo. 79 x 126 cm


     Aquí aparece la idoniedad del terciopelo como soporte. Un tejido fascinante, lleno de brillos, imagen de la seducción y el morbo contemporáneos. Sobre él las imágenes provocadas por el desteñido surgen flotando, confundiendo, despistando la mirada. El cuadro adquiere así un valor de fascinación y al mismo tiempo de indefinición ante lo que se está viendo: ¿hay pintura o despintura?, ¿es figurativo o ahstracto?, parece una imagen holográfica o generada por ordenador y sin embargo es exclusivamente manual.

     Pedro Carrera se ha concentrado en la posibilidad de ofrecer obras desde la centralidad en las cuestiones de ejecución técnica, y de composición y autonom¡a de la imagen. En este sentido, su propuesta se formula en términos clásicos, casi podríamos decir, clasicistas. El problema es que ni la técnica, ni la composición son clásicas y que la mirada que atrapan y su poder seductor son radicalmente contemporáneos. Éste es el juego de despiste y de tensión que dá valor a su trabajo: haber pensado en cuales son Ios elementos que definen un cuadro para iventarlos de nuevo; sin cometer nuevos asesinatos, dejarlos intactos pero ofreciéndoles una solución contemporánea.


Barcelona, Marzo 1998






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